Article a La Vanguardia

Poc abans de Nadal La Vanguardia va publicar-me per primera vegada. De fet es tracta d’un article escrit a quatre mans, teclat per enmig, amb el meu company de feina Marc V. El senyor del diari va considerar adient canviar el títol pel menys evocador Responsabilidad Social y Empresa i juraria que va retallar per alguna banda però no sabria dir per on. L’article pretenia ser una càrrega de profunditat contra ADIF però després d’una sessió d’edulcorant marca de la casa, rep tant de refiló que sembla que el protagonista sigui quelcom altre.

Un conocido sindicalista italiano cuando habla de responsabilidad social de la empresa (RSE) acostumbra a acompañarse de la imagen de un Papá Noel: “La RSE – dice- es esto, una foto que inspira valores navideños, pero en el fondo se trata de un señor disfrazado que quiere tu dinero”. Hace tiempo que una parte de la sociedad civil señala que la RSE se parece en algo a eso: una forma de evitar cambios legislativos; de legitimar prácticas oscuras de las empresas, o incluso de marear la perdiz.

En la actualidad existe un sinfín de iniciativas creadas con la intención de mejorar las prácticas sociales y medioambientales de las empresas. El pacto global de las Naciones Unidas, por ejemplo, aporta diez principios basados en criterios de derechos humanos, medio ambiente y corrupción que las empresas pueden suscribir. El Global Reporting Initiative (GRI), por otro lado, establece directrices para que las empresas puedan elaborar y publicar memorias de sostenibilidad. El Dow Jones Sustainability Index establece un índice bursátil con las empresas más responsables de cada sector a nivel mundial. La lista podría continuar. El punto en común de estas iniciativas es que se basan en información voluntariamente aportada por cada empresa; a menudo sin ningún tipo de supervisión por una tercera parte.

Así, el Estado español está a la cabeza de los países del mundo con mayor número de memorias de RSE y es uno de los que cuentan con mayor número de empresas firmantes del pacto global. En este estado de cosas, en las últimas semanas se ha hecho público el reconocimiento concedido por el GRI a Adif, el administrador de las infraestructuras ferroviarias, como la primera empresa pública del sector del transporte a nivel mundial que logra la más alta calificación en memorias de RSE. Esto puede sorprender, puesto que la imagen de Adif en Catalunya sólo puede considerarse deplorable. Podemos discutir sobre nuestras percepciones y valoraciones de esta compañía, pero estamos de acuerdo en que Adif no es líder mundial del sector en el campo de la responsabilidad social y medioambiental, y que, con toda seguridad, Adif no es la empresa pública con mejor RSE de España.

Las memorias de RSE son pues una iniciativa encomiable, pero hoy no demuestran el grado de responsabilidad real de las empresas ni si estas cumplen sus obligaciones. Aportan transparencia y posibilitan la auditoría externa, algo no poco importante, pero no van más allá.

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