Article a La Vanguardia

Una visió política dels fons sobirans. Va ser un encàrrec fet depressa i corrents i va aparèixer ahir sota el títol ¡Es geopolítica, amigos!

El pasado agosto el parlamento alemán aprobó una ley que autorizaba el veto público ante compras de paquetes accionariales de empresas alemanas, superiores al 25% del capital y realizadas por parte de países no pertenecientes a la UE, Suiza, Noruega e Islandia. Mientras Occidente debatía en foros internacionales la necesidad de controlar los fondos soberanos y limitar su derecho a voto en los consejos de administración, el gobierno alemán promovía una ley que subrayaba el temor europeo ante la compra indiscriminada de empresas propias.

No hace falta ser demasiado listo para admitir que, efectivamente, estamos ante un ejercicio de doble moral. Actuaciones realizadas por parte de empresas occidentales operando en los mercados internacionales y auspiciadas por el gobierno de turno, se nos aparecen ahora como un peligro cuando son nuestras empresas las que pueden pasar a manos del capital chino, ruso o de los Emiratos árabes.

Con todo, si hasta el momento las adquisiciones hechas por parte de los fondos soberanos se han concentrado sobre entidades financieras, cadenas de supermercado o bolsas de valores, podemos imaginar que distinto sería el panorama si los gobiernos de estos países decidieran invertir masivamente sus reservas en sectores estratégicos clave de los países occidentales. Europa teme la dependencia energética sobre Rusia pero los focos de alerta todavía pueden ampliarse mucho más.

Y la confusión, o más bien la paradoja, se origina como siempre en el contraste de los valores implícitos de nuestro sistema económico, hasta ahora llamado de libre mercado, con los del nuevo sistema económico internacional. En Occidente aprendimos que el mercado contiene implícitos valores como el de democracia, libre competencia y lucro económico. Los europeos pedimos a nuestros gobiernos que sus inversiones contemplen rentabilidad pero también que cumplan con criterios éticos, sociales y medioambientales. ¿Es también así para los gestores de estos fondos?

Lo que se abre ante nuestros ojos es la posibilidad de utilizar este poder económico como palanca política, como una pieza más en el engranaje de las relaciones internacionales. Si nos parece bien que nuestro plan de pensiones esté administrado por el gobierno chino, deberíamos reflexionar ante la posibilidad que nuestro sector industrial, energético o armamentístico pase a manos de capital ruso o qatarí. Son necesarios nuevos ajustes y nuevos equilibrios, a un ejercicio de realismo y a entender que las reglas cuando no funcionan se cambian.

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